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It was a very good year, parte I

 

Antes de que me abucheéis por inconstante, por inaugurar un blog y luego “dejarlo abandonado” un mes, por publicar una segunda entrada que tampoco es estrictamente traductoril y que encima el tema sea una reflexión sobre el año pasado siendo ya hoy 14 de enero (¡a buenas horas, Greensleeves!)… antes de todo eso, diré que, por una vez, tengo una buena excusa para no haberme sentado a escribir en todo este tiempo y para que el motivo de este nuevo post sea el que es y esté en la misma línea que los de Curri y Pablo. Y es que 2011 ha sido un año raro, único e increíble.

Justo después de la puesta en marcha de “El blues del traductor” (que, dicho sea de paso, no esperé que fuera a tener tan buena acogida: ¡gracias a todos!), empecé a escribir una entrada sobre traducción: quería hablar sobre la inamovilidad de ciertos títulos de obras traducidas al español y preguntarme y preguntaros la razón de que no se enmienden ciertos posibles errores de traducción y que estos se eternicen edición tras edición. La cuestión es que escribir algo decente y medianamente en condiciones sobre este tema requería una buena dosis de documentación. Y a ello me puse… hasta que, un par de días después de daros la bienvenida al blog, mi vida dio un vuelco. Puede sonar exagerado, pero es que no hay otra forma de llamarlo. Recibí un correo que cambió totalmente los (pocos) planes que tenía y que puso fin a la incertidumbre de qué iba a ser de mí a partir de enero.

La historia es que yo había enviado en junio mi CV a una empresa de RRHH que contrataba testers y traductores para Nintendo en Frankfurt (sí, ya sé que es Fráncfort, pero es que suena horroroso…). La verdad es que, como en aquel entonces ni siquiera había terminado la carrera y mi currículum – tanto en aspecto como en contenido – dejaba bastante que desear (poquísima experiencia en traducción, ninguna experiencia como tester), lo hice “por hacer”, sin esforzarme mucho en la carta de presentación y sin el más mínimo pensamiento de que fuera a servir para algo. De hecho, no tardé en olvidarme totalmente de ello.

Al poco tiempo, recibí un correo de una de las empresas de videojuegos a cuya puerta había llamado. Me sorprendió bastante que me hicieran caso: era un desarrollador más bien conocido y las condiciones del puesto de tester eran buenas. Pasé la entrevista telefónica y me invitaron a una entrevista en persona, para la cual tendría que viajar a Reino Unido. Puede sonar cateto, pero me parecía increíble y genial tener que viajar a otro país para una entrevista de trabajo en una empresa de videojuegos. No es el estilo de cosas que te pasan cuando tienes 22 años, estás en 4º de TeI en Valencia (o donde sea) y trabajas en una fotocopiadora (o cualquier otro cutre-trabajo). Pero, ¡oh!, era demasiado bonito para ser verdad y yo siempre he tenido bastante mala suerte: la entrevista se retrasa y finalmente se cancela. Nos dicen que han hecho un reajuste de plantilla y que ya no necesitan a nadie. En fin. C’est la vie. Te tragas la decepción y te animas pensando que si les has interesado a ellos, también podrás interesarle a otros.

Acabo la carrera en septiembre y como, gracias a la maravillosa labor de los encargados de convalidación de la UV, no convalidan ni cierran mi expediente a tiempo, no puedo matricularme en su Máster de Traducción Creativa y Humanística. Bien. Como ya me olía la tostada (a pesar de que había solicitado las convalidaciones en ¡mayo!), tenía un plan B: me iría a Eastbourne a mejorar mi mediocre inglés y a trabajar de lo que surgiera mientras buscaba algo relacionado con traducción y/o localización. Siempre había tenido la ilusión de vivir en otros países, pero nunca había pensado que fuera a hacerlo así y tan pronto. Me fui sola, sin billete de vuelta, sin mucho dinero y sin una idea clara de qué iba a pasar. Tenía unos 2 meses de margen para encontrar trabajo: si no era capaz, tendría que volverme a España. Había pensado que, cuando llegara diciembre, solicitaría las becas de auxiliar de conversación del Ministerio y que, si no me la concedían, volvería a Valencia en verano para comenzar el Máster en septiembre de 2012.

Tuve suerte: solo tardé 3 semanas en encontrar un trabajo. Era un supermercado; nada del otro mundo, pero no era un trabajo desagradable, me obligaba a hablar mucho y era una forma de comprar tiempo en el país. Lo malo es que el contrato era de 3 meses y terminaba en enero… y a partir de entonces, incógnita. Seguí enviando CVs a empresas de traducción de todo el mundo y a empresas de videojuegos. A principios de octubre, vi una oferta de tester de localización en un gigante del mundillo. Como no exigían experiencia y el “no” ya lo tenía, pensé que no perdía nada por intentarlo. Me mandaron una prueba de traducción que tenía que devolver en una hora y sin usar diccionarios ni Internet. La primera sensación fue euforia, seguida de un ataque de mieditis aguda: a pesar de los nervios y del canguelo, creo que hice algo bastante decente dadas las restricciones. Sin embargo, la emoción no duró mucho: al día siguiente recibí un correo en el que me decían que la vacante se había cancelado. Ouch. Segunda vez en poco más de dos meses. Bueno, agitas el puño en alto y te vuelves a tragar la decepción.

A los pocos días, recibí otro correo de otro desarrollador de videojuegos (de ahora en adelante, LA INNOMBRABLE) y una pequeña prueba. Pasé la entrevista telefónica, me invitaron a la entrevista en persona para un día concreto y, aunque acudir me suponía un considerable hachazo a mi presupuesto y me arriesgaba a que me despidieran del super, no estaba dispuesta a dejarlo pasar. Pasaron 3 semanas. Como la fecha de la entrevista se acercaba y yo ya tenía los vuelos pero nadie se ponía en contacto conmigo para confirmar la hora exacta, envié a LA INNOMBRABLE un correo recordándoles amablemente que faltaba menos de una semana para nuestra cita. Entonces, me dijeron que se retrasaba indefinidamente. Sin disculparse por retrasarla ni por no haberse puesto en contacto conmigo. Nada. Toma por saco, Mari. Les “recriminé” de forma educada y cortés que, al faltar solo una semana para la fecha, ya tenía los vuelos y había pedido vacaciones y que lo ideal hubiera sido que me lo hubieran dicho en cuanto lo hubieran sabido. Con mucha menos cortesía, me respondieron que, para otra vez, no comprara vuelos ni reservara vacaciones basándome en fechas sin confirmar.

Cágate, lorito. Te dejan tirada, te hacen perder dinero y vacaciones y encima tienen el morro de echarte la culpa. Como no hay que perder las formas, las manchas de sangre son difíciles de limpiar y un envío internacional de ántrax sale carillo, preferí dejarlo estar. En aquel momento, y aunque solo llevaba 2 meses licenciada (aunque llevaba bastante más tiempo buscando trabajo como traductora), me desesperé y decidí dejar de mandar CVs a empresas del mundillo hasta que no tuviera más experiencia (voluntaria) o más formación. Quizás sea infantil ilusionarse como lo hago yo (mucho xD) y sentirse tan decepcionado cuando la cosa sale mal, pero es que… vaya racha. Me conciencié en que seguiría colaborando como traductora voluntaria en un par de organizaciones e intentaría aprender más por mi cuenta para volver a intentarlo más adelante. Cuando se me acabara el contrato en enero, volvería a España a pensar el siguiente movimiento: volver a Reino Unido pero a otra ciudad (Eastbourne es muy pequeño), probar suerte en otro país o quedarme una temporada en Valencia. Ya veríamos.

Qué poco me imaginaba lo que estaba por venir…


Como me estaba saliendo un post bastante largo y no quiero que huyáis despavoridos, he pensado que es mejor dividirlo en 2 partes, así que…continuará en “It was a very good year, parte II”. Abajo tenéis la genial versión de Bob Berg de este conocido standard: espero que os guste. Puede parecer dura o difícil al principio, pero hay que darle una oportunidad.

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6 Respuestas a “It was a very good year, parte I

  1. Respuesta telegrama: Lucha por lo que quieres. Muchas fuerzas. No desistas. Esto era la antesala de algo grande. Y algo estás haciendo bien cuando te llaman. [Y Christian Bale es muy grande]
    Un abrazo,
    Eugenia

  2. Solo puedo decir que… ¡enhorabuena! 🙂 Al final, quien la sigue, la consigue. 🙂

    Un saludo,

    Pablo

  3. Me ha gustado mucho. Veo que podríamos haber sido compañeras de máster por muy poquito pero bueno no creo que te haya ido mal. Seguiremos leyendo la segunda parte.

  4. Aitzi

    ¡Enhorabuenta por el blog! Me ha gustado la entrada, ya estaba yo leyendo a toda leche para ver cómo terminaba la historia y me encuentro con el final… Espero leer pronto la segunda parte.
    ¡¡Un saludo y mucho ánimo!!

  5. Pingback: It was a very good year, parte 2 « El blues del traductor

  6. marillescas ⋅

    Muchas gracias a todos ^^ jeje la verdad es que estoy contentísima. El partirlo en 2 entregas era para que no se hiciera tan cansino (de leer).

    @Andrea Lo del máster me dio muchísima rabia en su momento; ahora casi lo agradezco xD

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